Los hábitos de vida saludables están cada vez más arraigados en nuestra sociedad, traduciéndose para muchas personas en una preocupación real. Entre estos hábitos de vida saludables, el cuidado de uno mismo, y en este caso, con productos naturales, es un importante aspecto que han detectado las empresas y que muchas de ellas han usado para conseguir generar una buena imagen de marca y/o mejorar su posicionamiento en el mercado a través de una mayor cercanía con su público objetivo. Los productos cosméticos que se comercialicen serán seguros para la salud humana cuando se utilicen en las condiciones normales o razonablemente previsibles de uso. La edad, la formación y la experiencia previa son requisitos indispensables para acceder a un determinado puesto de trabajo. Sin embargo, pese a que los procesos de selección de personal no se hacen por cuestión de género, sino por cualificación, hay ciertos sectores de actividad que precisan de unas aptitudes para los que las mujeres están, a menudo, más capacitadas. En los sectores relacionados con la belleza, la moda o la cosmética, las mujeres suponen más del 80% de las plantillas de las empresas, puesto que tienen un alto conocimiento del producto.
La eficacia de la cosmética y la dermatología se multiplica con una cesta de la compra abundante en alimentos antioxidantes. La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Su cuidado excede al uso de cremas protectoras o hidratantes. La dermatología más avanzada contempla la alimentación para prevenir el efecto oxidante del sol del verano, incluso para el tratamiento de afecciones graves. Para que la piel -y con ella el pelo y las uñas– conserve un buen estado de salud, es preciso acertar en la elección de los nutrientes, así como en las técnicas de conservación de las vitaminas, sales minerales y ácidos grasos esenciales. Los cosméticos ecológicos son cada vez más demandados, pero la falta de criterios claros puede confundir al consumidor. Los cosméticos ecológicos están elaborados de forma respetuosa con el medio ambiente y sin sustancias irritantes ni tóxicas, según sus defensores. Aunque todavía resultan difíciles de encontrar, son cada vez más demandados por los consumidores, al igual que los demás productos ecológicos. Pero a la hora de adquirirlos, conviene saber unas pautas para elegirlos de forma adecuada.
El Reglamento del Parlamento Europeo 1223/2009 define como producto cosmético, "Toda sustancia o mezcla destinada a ser puesta en contacto con las partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales, con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto, protegerlos mantenerlos en buen estado o corregir olores corporales".
Muchos consumidores relacionan la palabra cosmético, exclusivamente, con productos de cuidado facial, perfumes o productos de maquillaje; no obstante, otros muchos productos que se usan habitualmente son también cosméticos.
A continuación se incluye una lista orientativa de ejemplos de productos cosméticos:
Cremas, emulsiones, lociones, geles y aceites para la piel
Mascarillas de belleza
Maquillajes de fondo (líquidos, pastas, polvos)
Polvos de maquillaje
Polvos para aplicar después del baño
Polvos para la higiene corporal
Jabones de tocador
Jabones desodorantes
Perfumes
Aguas de tocador
Aguas de colonia
Preparados para baño y ducha (sales, espumas, aceites, geles)
Depilatorios
Desodorantes y antitranspirantes
Colorantes para el cabello
Productos para la ondulación,...